La ciudad que forjó el pensamiento contemporáneo
Hay ciudades que parecen existir fuera del tiempo ordinario, y Oxford es una de ellas. No porque se haya quedado quieta, sino porque ha sabido acumular siglos sobre siglos sin perder su coherencia interna. Las torres medievales se alzan sobre calles donde los estudiantes debaten filosofía tomando un café, y los patios empedrados que han sido testigos de ochocientos años de saber resuenan hoy con discusiones sobre inteligencia artificial y ciencias del clima. Situada en el corazón de Inglaterra, a unos ciento cincuenta kilómetros al noroeste de Londres, Oxford encarna algo poco frecuente: una ciudad cuya identidad y cuya gran institución están tan profundamente entrelazadas que resulta imposible comprender la una sin la otra.
Oxford no es simplemente una ciudad universitaria. Es una ciudad que es una universidad, o más precisamente, una federación de colegios independientes distribuidos de manera tan capilar en el tejido urbano que la frontera entre la ciudad y su vida académica desaparece por completo. La Universidad de Oxford, la más antigua del mundo anglófono, se remonta al siglo XII y sigue estructurando el ritmo, la arquitectura y la vida cotidiana de cada barrio. Para los visitantes hispanohablantes, es la institución que formó a personalidades tan diversas como Oscar Wilde, Stephen Hawking o Bill Clinton, y que en el imaginario colectivo representa el ideal mismo de la excelencia académica británica.
El centro histórico y los principales colegios
El centro de Oxford se descubre mejor a pie, partiendo de Carfax Tower, el campanario medieval que marca el cruce de las cuatro arterias principales de la ciudad. Desde allí se despliega una red de callejones y portales tras los cuales se esconden patios de colegios, capillas y jardines que apenas han cambiado en cinco siglos. El Christ Church College, fundado en 1525 por el cardenal Wolsey, es el más visitado: alberga una catedral dentro de su propio recinto y un comedor cuya bóveda sirvió de inspiración directa para el Gran Salón de Hogwarts en las películas de Harry Potter, una referencia que el público hispanohablante reconoce de inmediato. El Merton College, fundado en 1264, es uno de los más antiguos y conserva uno de los jardines medievales mejor preservados de la ciudad.
A escasos metros, el complejo de la Bodleian Library constituye una de las grandes bibliotecas del mundo. La Biblioteca Bodleiana, junto con la Divinity School del siglo XV y la rotonda de la Radcliffe Camera, forma uno de los paisajes urbanos más fotografiados de Inglaterra. Las visitas guiadas permiten bajar a las salas subterráneas abovedadas donde se custodian manuscritos de valor incalculable, entre ellos una Biblia de Gutenberg y un First Folio de Shakespeare. La Radcliffe Camera, técnicamente una sala de lectura, no es accesible al público general, pero domina Radcliffe Square de tal manera que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.
Museos y patrimonio intelectual
Los museos de Oxford figuran entre sus activos más infravaluados, especialmente porque los principales son de acceso gratuito. El Ashmolean Museum, fundado en 1683, ostenta el título de museo universitario más antiguo del mundo. Sus colecciones abarcan desde el antiguo Egipto y las antigüedades grecolatinas hasta la pintura del Renacimiento italiano, el arte islámico y los tesoros anglosajones, una amplitud que refleja siglos de acumulación erudita. Para los visitantes españoles o latinoamericanos familiarizados con el Museo del Prado o el Museo Nacional de Antropología, el Ashmolean ofrece una experiencia de alcance comparable en un marco bastante más íntimo.
El Oxford University Museum of Natural History, alojado en una espléndida estructura victoriana de hierro y cristal, fue el escenario del célebre debate de 1860 entre Thomas Huxley y el obispo Wilberforce sobre la teoría evolutiva de Darwin. Directamente conectado a él, el Pitt Rivers Museum propone una experiencia radicalmente distinta: una colección antropológica y etnográfica presentada al estilo denso y acumulativo de un gabinete de curiosidades victoriano, con miles de objetos de todo el mundo dispuestos en vitrinas a varios niveles. Recompensa a quienes se toman el tiempo de perderse entre sus pasillos.
A orillas del río: Port Meadow y Jericho
Oxford tiene un lado más tranquilo y verde que pasa fácilmente desapercibido cuando el centro histórico absorbe toda la atención. El río Cherwell y el Támesis, conocido aquí como Isis, atraviesan la ciudad y ofrecen orillas y praderas que resultan sorprendentemente apacibles a pocos minutos a pie de los colegios. Port Meadow es una llanura aluvial que nunca ha sido labrada, prácticamente sin cambios durante siglos. Se llega fácilmente desde el barrio de Jericho y en verano se convierte en lugar de encuentro para paseos, baños y la práctica del punting, esa actividad típicamente oxoniana que consiste en impulsar embarcaciones planas con una larga pértiga a lo largo del río.
El barrio de Jericho, al noroeste del centro, merece una exploración independiente. Nacido como barrio obrero en torno a la imprenta de la Oxford University Press en el siglo XIX, hoy alberga librerías independientes, cafeterías, pequeños restaurantes y una vida de barrio que contrasta agradablemente con la solemnidad del centro universitario.
Los puntos fuertes de Oxford
Lo que hace verdaderamente singular a Oxford entre las ciudades históricas europeas es que nunca se ha convertido en un simple monumento a sí misma. La presencia de los estudiantes, llegados de todos los continentes y todas las disciplinas, impide que la ciudad se cristalice en un parque temático patrimonial. El Covered Market, que data de 1774, sigue vendiendo pan, queso, carne y flores junto a comerciantes independientes que llevan generaciones en los mismos puestos. Pubs históricos como The Eagle and Child en St Giles', donde J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis celebraban sus reuniones literarias semanales como miembros de los Inklings, siguen abiertos y concurridos.
Para los viajeros hispanohablantes, Oxford es fácilmente accesible en tren desde Londres Paddington en aproximadamente una hora, o en autobús directo desde el aeropuerto de Londres Heathrow en menos de noventa minutos. Existen conexiones aéreas directas desde Madrid, Barcelona, Ciudad de México, Buenos Aires y otras ciudades hispanohablantes hacia Heathrow o London Gatwick, lo que hace de Oxford un destino perfectamente viable sin necesidad de pasar varios días en Londres. La ciudad funciona muy bien como excursión de un día desde la capital, pero quedarse a dormir permite disfrutar de una atmósfera completamente distinta una vez que los grupos de visitantes se disuelven al caer la tarde.
Oxford es además un punto de partida excelente para explorar los Cotswolds, el paisaje de colinas suaves y aldeas de piedra dorada que se extiende hacia el oeste, y para visitar el palacio de Blenheim, residencia ducal declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO donde nació Winston Churchill, a tan solo treinta minutos en autobús.
Cuándo visitar Oxford
Primavera (marzo–mayo)
La primavera está considerada por muchos como la mejor época para visitar Oxford. Los jardines de los colegios florecen, los días se alargan y las temperaturas son agradables sin llegar aún al calor veraniego. A principios de mayo, la ciudad celebra el Oxford May Morning, una tradición centenaria en la que un coro canta desde lo alto de la Magdalen Tower al amanecer del primero de mayo, congregando a cientos de personas en las calles. La afluencia de visitantes existe pero es manejable, y el ambiente es especialmente animado.
Verano (junio–agosto)
El verano trae más luz, más calor y bastantes más turistas. Los colegios se vacían de estudiantes pero se llenan de visitantes, y algunas instalaciones cierran por exámenes o eventos privados. Es, no obstante, la mejor época para el punting en el Cherwell y para los paseos largos a orillas del río. Llegar temprano por la mañana o a última hora de la tarde ayuda a evitar la mayor concentración de turistas en el centro.
Otoño (septiembre–noviembre)
El otoño es una estación de gran atractivo. El inicio del curso académico en octubre devuelve a los estudiantes a la ciudad y restituye a Oxford su atmósfera más auténtica. Los colores del follaje sobre los edificios de piedra caliza son especialmente llamativos entre finales de octubre y principios de noviembre. Las temperaturas son frescas pero todavía agradables para caminar.
Invierno (diciembre–febrero)
El invierno es la temporada menos concurrida, lo que para cierto tipo de viajero es razón suficiente para elegirla. Los museos se visitan sin colas, las calles del centro histórico están más tranquilas, y en diciembre la ciudad se anima con mercados navideños y eventos estacionales. Una mañana invernal en Oxford, con niebla sobre los prados, patios desiertos y silencio en las callejuelas de piedra, tiene una atmósfera que encaja perfectamente con el imaginario literario de la ciudad.
Temperaturas medias en Oxford por estación
Invierno (diciembre–febrero): las temperaturas oscilan entre 2 °C y 8 °C. Las heladas nocturnas son posibles, la lluvia es frecuente y los días son cortos. Un abrigo de abrigo y calzado impermeable son imprescindibles.
Primavera (marzo–mayo): las temperaturas suben progresivamente de unos 7 °C a 16 °C. Abril y mayo pueden ser soleados pero también lluviosos; un chubasquero ligero resulta siempre útil.
Verano (junio–agosto): las máximas se sitúan habitualmente entre 20 °C y 25 °C, con puntas que pueden acercarse a los 30 °C en las olas de calor cada vez más frecuentes. Las noches siguen siendo frescas. Las tormentas de tarde no son infrecuentes.
Otoño (septiembre–noviembre): las temperaturas bajan de unos 18 °C en septiembre a 7–9 °C en noviembre. Las precipitaciones se intensifican a partir de octubre. El color del follaje alcanza su punto álgido entre finales de octubre y principios de noviembre.
Créditos fotográficos: Gavin Allanwood (Unsplash)